martes, 15 de diciembre de 2009

LA LEY DEL MÁS FUERTE - PARTE II


Si en el justicialismo la puja por la presidencia del Concejo terminó inclinándose hacia quién hizo más fuerza en la pulseada por el cargo, en el Frente Progresista también ganó el que pegó los gritos más enérgicos. El complejo conglomerado de fuerzas que conviven en la alianza opositora local fue puesto a prueba severamente en la última elección de funcionarios políticos del cuerpo legislativo.
Desde el 2007 la prosecretaría del Concejo la ocupa el representante del ARI Franco Miorelli. Pese a que se trata de un sello de escasa representatividad, el ARI movió siempre sus piezas con inteligencia dentro del Frente. Al comienzo del gobierno de Hermes Binner logró ubicar a la profesora María Eugenia Zaragozi en la jefatura de la Región III de Educación; y a Rafael Colombo como integrante del "gabinete joven" provincial en el área de Seguridad. Sobran los dedos de las manos para contar al resto de la militancia que califica como tal dentro del partido, con lo cual el porcentaje de efectividad en la relación representatividad-cargos es envidiable para esta fuerza política. La historia breve de cómo se resolvió la continuidad de Miorelli refleja que en el ARI son pocos pero se defienden como gato entre la leña si es necesario.
Como la prosecretaría siempre fue prenda de negociación política, en este 2009 se vivió otro tira y afloje cuando los socios del Frente comenzaron a barajar las cartas. El radicalismo fue el primero en hacer gestiones oficiosas para llenar el casillero, habida cuenta que la salida de Rodolfo Enrico dejaba libre a un secretario de bloque. Enseguida se sumó a la discusión el PDP. Antes de Miorelli hubo una radical en la silla de la Prosecretaría, la profesora Viviana Daniele. Por lo tanto, en el PDP se apresuraron a hacer cuentas e incluso a proponer un par de nombres propios para el cargo.
Muchos apellidos sonaron para el reemplazo que no fue. Como en la interna de los primos peronistas, en el Frente la situación fue variando de hora en hora y de reunión en reunión. Los radicales, envueltos en su propia interna partidaria, se interesaron por la vicepresidencia primera del cuerpo y llevaron a Maipú 495, la casa del PDP, un borrador que proponía a Germán Bottero para ese lugar y dejaba la prosecretaría en manos del PDP.
A todo esto, las versiones periodísticas iban ganando la calle y llegando al sexto piso de Moreno 8, donde Franco Miorelli se enteraba todos los días de alguna variante distinta para su cargo. Pronto el hombre del ARI advirtió que si no movilizaba a sus correligionarios corría el riesgo de quedar a la intemperie. Como en el Concejo rafaelino cocodrilo que se duerme termina siendo cartera, Franco llevó su preocupación a los dos últimos plenarios del Frente. Las malas lenguas dicen que en esos cónclaves hubo más militancia arista que en toda la campaña electoral previa al 27 de setiembre.

Face to face

Uno de esos plenarios se hizo en la Casa Radical de calle Bolívar, el bunker 5 estrellas que reemplazó a la ruinosa casona de calle Brown. Allí, en una mesa tendida en el centro del salón principal, a la vista de los peatones que pasaban por la vereda y podían observar las deliberaciones a través de la fachada vidriada, los frentistas discutieron a grito pelado. Hubo reproches y ninguna resolución.
Fue el miércoles 9, en las vísperas del Jueves C (el Día de los Cargos), cuando la cuestión terminó por zanjarse definitivamente a favor de Miorelli. Como si no fueran pocos los bocadillos radicales y la embestida del PDP, ese miércoles, en el local del socialismo, los binneristas “puros” se prendieron al debate. Voraces como son cuando olfatean la posibilidad de apropiarse de alguna chapa, querían la prosecretaría para un socialista.
Dicen que los gritos fueron muy fuertes. Hubo recriminaciones por las estrategias de campaña y a los socialistas les cobraron varias facturas, desde la ruptura del acuerdo previo a las internas abiertas –que derivó en el segundo lugar de Alejandro Ruíz Díaz en la lista del Frente para el Concejo, con los resultados electorales desastrosos que arrojó la experiencia- hasta el “ninguneo” que sufren los dirigentes locales del Frente por parte del gobierno provincial.
El ARI tenía sus propias cuentas que ajustar y jugó sus fichas a un pleno. La desprolija “renuncia” de Zaragozi de la Región III –desplazada, según dicen, por una serruchada de piso que se adjudica a una calificada dirigente socialista local-, así como los aportes económicos realizados en la campaña, fueron traídos a cuento por Miorelli y por el contador Carlos Reinaudi, quien llevó al plenario la advertencia que tenía guardada: si Miorelli perdía su cargo, el ARI rompía el Frente. Cualquier parecido con la estrategia rupturista que también ganó la partida en el oficialismo es pura coincidencia.
Finalmente, la sangre no llegó al río, pero también en la coalición opositora hubo sonrientes ganadores y resignados perdedores. El ARI salió fortalecido como espacio. En el PDP, el empate técnico postergó un debate que estallará más temprano que tarde, y que tiene que ver con el rol de Atilio Pignoni en la interna partidaria. Hay quienes ven a Pignoni demasiado cerca del calor que emana de los operadores full time del socialismo provincial. Son los mismos que creen que ese calor puede quemar al PDP rafaelino, cuya regla de oro es preservar su lugar en el Concejo.
El botterismo, en cambio, cerró un año negro: no pudo ubicar a Cecilia Giribone en el segundo puesto de la lista de candidatos a concejales, perdió la banca de Fito Enrico, no logró imponer a Bottero como vice primero del Concejo, dejó la jefatura partidaria en manos de Luis Telesco, tiene a Víctor Fardín vivito y coleando por 4 años más y soporta sin rebeldías los desplantes del binnerismo. Parece demasiado para los sueños de Intendencia que abriga Germán Bottero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario