


Imprudencia, fatalidad, destino, alcohol. Muchas cosas, seguramente, se mezclaron en la ruta 22, una tranquila carretera provincial que une a Ramona con la ruta provincial 70. A dos kilómetros del acceso a Ramona chocaron un Ford Escort blanco, en el que iban 6 jovencitos de entre 14 y 19 años de edad, contra un Fiat Siena azul acerado, con un matrimonio a bordo y una joven en el asiento posterior. El resultado: los 6 jóvenes y el matrimonio muertos en el acto, la joven sobreviviente herida gravemente, un pueblo shockeado por la tragedia y un dolor inmenso atravesando la región.
Los pibes venían de bailar en un local de Freyre. Eran de apellidos conocidos en Ramona, un pueblo de 5 mil almas donde todos se conocen con todos. Grimaldi, Neiffer, Quevedo, Martínez, Bessone, Argante, son los apellidos de los chicos. El matrimonio era de apellido Saluzzo, donde el hombre era empleado de la Mutual Regional de Ramona.
El juez Osvaldo Carlos confirmó que el choque fue sobre la mano hacia el Sur, por donde iba el Siena. El velocímetro del Fiat quedó clavado en 150, como muestran las imágenes. El Escort se habría cruzado de mano y volcó, despidiendo a por lo menos dos de los cuerpos de los chicos.
Frente al Samco de Ramona, donde estaban los cuerpos a media mañana, el dolor se repetía en los llantos histéricos, en los sollozos interminables, en los ojos rojos de mujeres, hombres, pibes, abuelos y nietos, padres y madres sacudidos por la pérdida más terrible.
El choque fue a las 5.10 aproximadamente. Había buena visibilidad. La ruta en esa zona es una recta en impecable estado. Todos conocían por dónde iban. A esa hora, salvo algún camión lechero, no pasan autos por la 22, una ruta donde sólo circulan los que necesariamente tienen que pasar por Ramona.
Alguna vez aprenderemos el significado de las palabras prudencia y responsabilidad. Por ahora, seguimos probando lo que es el dolor amargo de llorar a los muertos que nunca imaginamos llorar.
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