
Está visto que los debates entre muchos candidatos no sirven. La necesidad de ser justos en la distribución de los espacios y ordenados en la conducción de la discusión no va de la mano con el atractivo principal que puede tener un debate público, que es el intercambio directo y la polémica en el buen sentido.
En la noche del viernes, las buenas intenciones de la Escuela de la Plaza y de la UCSE de aportar a la discusión política en la ciudad se vieron opacadas porque la confrontación de ideas no apareció en escena. Lo cual no fue una sorpresa, considerando el nivel chato de la campaña electoral actual. Como tampoco fue sorpresa que la gente no responda a estas convocatorias, lamentablemente.
Las propuestas, en general, están cargadas de lugares comunes y no hay respuestas que vayan más allá de lo que ya se conoce para las demandas simples del hombre común de Rafaela: nadie dice qué es lo que hay que hacer para solucionar los problemas de tránsito, no se habla de cómo instrumentar acciones que mejoren las posibilidades de acceso a vivienda de los sectores medios de la población y no se observan cuestionamientos importantes a la administración municipal actual. Hay ideas generales, pero nada más.
En conclusión: sobran los que políticos de café y faltan planes para políticas de Estado. Un reflejo de lo que es nuestra sociedad local, en suma, caracterizada por los "valientes" que pregonan revoluciones desde la cola de la panadería, pero cuando tienen que poner la cara para hacerse cargo de sus responsabilidades como ciudadanos se lavan las manos o, lo que es peor, van a mendigar prebendas ante el candidato de turno. No por nada el Opifón es la columna más leída de La Opinión.
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