viernes, 11 de diciembre de 2009

LA LEY DEL MÁS FUERTE - PARTE I


El zarandeado y manoseado tema de la elección de autoridades en el Concejo Municipal de Rafaela, tras un recambio light -la mayoría de los ediles que juraron en la noche del jueves ya estaban ejerciendo la función y el único "nuevo" fue Lolo Bauducco, que inició su tercer mandato tras una impasse de dos años-, terminó siendo una cuestión meramente formal. Lo que pintaba para ser el escándalo del año se diluyó en un acaramelado intercambio de palmadas de ocasión. Algo quedó claro, no obstante: ganaron los que pegaron el grito más fuerte.

En el lado del oficialismo, Jorge Maina y Luis Castellano se subieron al ring con los guantes puestos, se sacaron las batas, hicieron el precalentamiento y hasta se pusieron los protectores bucales. Pero a la hora de los bifes, el único que salió al centro del ring fue Maina. Siguiendo la metáfora boxística, podría decirse que Maina no es de los más técnicos a la hora de pelear y hasta se desconoce si tiene la mano pesada (para evitar malinterpretaciones: se desconoce si tiene tanto poder de fuego propio como para llevar los desafíos a los límites a los que los llevó), pero demostró una resolución clave para conquistar posiciones políticas. Si tal poder de resolución es digno de mejores causas será materia de observación según el cristal con que se mire. Esta semana se anotó un poroto importante.

Castellano, en cambio, se enredó en una disputa para la que no estaba preparado. El pecado original del oficialismo fue no poner las cosas en claro desde el momento en que se cerraron las listas, cuando Castellano encabezó la lista como candidato natural a ese lugar y Maina tuvo que negociar hasta último momento para ser incluido en el segundo puesto, luego que ese lugar fuera reclamado con insistencia por el peironismo. Otra a favor del poder de negociación de Maina: para respetar su espacio (obviamente no fue el único motivo) el oficialismo terminó yendo a una desgastante elección interna y terminó de romper lanzas con el peironismo.

Castellano se nominó para la presidencia con la misma naturalidad con que se convirtió en el primer candidato a concejal para las elecciones del 2009. Pero no estaba ante la misma situación. Maina se "empacó" , sacó a relucir antiguos rencores y decidió llevar la pulseada hasta las últimas consecuencias. Es probable que Castellano tenga una mirada más larga y haya preferido retroceder un casillero para preservar la unidad del sector, con la esperanza de recuperar posiciones a medida que avance el proceso hacia el 2011. Pero dejó al descubierto una falla de origen: en política hay que marcar la cancha con gestos que, a veces, requieren un ejercicio de prepotencia que Castellano no siente como parte de su estilo.

A Castellano le falló el pulso en el último instante y los daños los va a notar más en la interna de su partido que en la vinculación con la sociedad, que no le presta mucha atención a la sensación térmica del microclima político. Si el líder retrocede cuando hay que cruzar un puente peligroso, ¿se sigue confiando en el líder? Es la pregunta que deberá desvelar al arquitecto peronista a partir de ahora, porque es el interrogante implícito que le hará su propia gente. Será su tarea convencer a propios y extraños que en realidad su objetivo, en la construcción del camino de su candidatura, es el de edificar puentes, no el de cruzarlos para quemarlos tras de sí. Y quizás romper con Maina y quebrar el bloque oficialista le hubiera significado quemar un puente que necesita para su ruta a la Intendencia.

¿Le tocan a Perotti los daños colaterales del "affaire" en el Concejo? Nunca son buenas las turbulencias en la primera línea de defensa de la gestión, como es el bloque legislativo oficialista. Pero es cierto que a Perotti nunca le quitó el sueño la disputa entre Castellano y Maina. También el intendente debe haber sacado sus propias conclusiones, según el comportamiento de cada concejal -Maina, Castellano, Sierra y Garrappa-, pero cometería un grave error si cree que de este tipo de internas puede salir totalmente indemne. Si el proyecto político que lidera incluye a protagonistas que se entretienen en la esgrima interna en momentos en que la administración pasa por uno de sus momentos más delicados, con el diálogo cortado con la provincia y poco retorno en la Nación, algo anda mal en el engranaje de la maquinaria oficialista. Ya pasó el 2009 y el 2011 está más cerca de lo que muchos creen.

1 comentario:

  1. Me parece que es necesario reformular modelos que ya no dan respuestas o que se han vuelto obsoletos.

    En este sentido, y analizando el modelo de gestión política que rige en nuestra Rafaela, deberíamos comenzar también a considerar el plantear las reformas necesarias que nos permitan el desarrollo de un modelo más adecuado a la realidad de hoy de nuestra ciudad.

    El modelo de gestión política que conduce hoy el Intendente Perotti, se encuentra agotado ó en vías de extinción.

    Es necesario comenzar a desarrollar alternativas de liderazgos que permitan mayores consensos.

    Los personalismos paternalistas dejan de ser un modelo válido a la hora de decidir las respuestas que toda la comunidad necesita.

    Debatir la necesidad de rescatar y reformular el protagonismo de los partidos políticos es un paso muy importante.

    Debemos profundizar la discusión de todos los mecanismos que nos permitan una mejor organización política que genere mayor compromiso, mayor legitimidad representativa.

    Es muy importante que intentemos ser los protagonistas del cambio. No le temamos al debate.

    Entre todos debemos generar y promover estos cambios y exigirles a nuestros representantes que adecuen las estructuras correspondientes para que ello sea real.

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